¡O ahora o nunca!
La Universidad de Stanford ha realizado un estudio sobre la innovación social en el que asegura que la inversión en impacto social y medioambiental es una herramienta esencial para conseguir un cambio positivo a escala global.
Desde que salió a la luz este estudio, muchas fundaciones han hecho importantes modificaciones en sus carteras de inversión con el objetivo de destinar más fondos al área de impacto social. Dos ejemplos importantes son la Fundación Ford y Heron, las cuales destinaran gran parte de sus fondos a cuestiones humanitarias como la erradicación de la pobreza o la lucha contra el cambio climático. Hablamos de 1 billón de dólares en 10 años y 300 millones de dólares respectivamente.
Tomando en consideración la realidad actual, desde Stanford hacen un llamado a todas las fundaciones, independientemente de su tamaño o nivel de influencia, a que se sumen al movimiento de inversión en impacto social para hacer frente a los retos sociales y medioambientales que nos acechan.

Desde Stanford no tienen dudas: “Todas las fundaciones pueden ser inversores de impacto”. (Haz click para tuitearlo)

Hay muchas vertientes y enfoques distintos que, combinados con una buena imaginación y predisposición, ponen al alcance de cualquier organización el poder de aportar un granito de arena en el camino hacia un mundo más igualitario y sostenible. Este sendero es variado y, en él, tienen cabida múltiples ámbitos de actuación y numerosas colaboraciones.

Desde la perspectiva de la naturaleza de la inversión, podemos hablar desde la apuesta por salud, hasta la lucha contra el cambio climático pasando por la educación o la participación ciudadana. Hablando ahora de las colaboraciones, hay que tener en cuenta que en esta partida se puede jugar tanto solo como acompañado. Así pues, es tan legítimo hacer aportaciones a nivel individual como asociarse con otras fundaciones, con los gobiernos o el sector privado. Todas ellas son estrategias que logran que las inversiones se sumen y la sinergia de la cooperación de su fruto.
Según Stanford University, estamos en un momento clave para realizar inversión de impacto social sin asumir grandes riesgos. Algunas de las opciones que propone son: poner dinero en un banco orientado a acciones sociales o invertir en una institución de desarrollo entre otras. Este gran abanico de posibilidades les permite a las fundaciones entrar a formar parte del mundo de la inversión de impacto y virar sus misiones hacia otras que, sin perder la esencia, estén orientadas a una mejora comunitaria.
Así pues… ya seas un “tiburón” de las Fundaciones o un pezqueñín de este mundillo, toma consciencia del potencial que tienes como organización a la hora de generar impacto social y medioambiental y participa, en la medida de lo posible, en mejorar el panorama actual.

Ha llegado el momento… ¡invierte en impacto social! (compártelo)